T.O: Le true. Director: Jacques Becker. Nacionalidad: Francia. Año: 1960. Duración: 118’. Interpretes: Michel Constantin, Jean Keraudy, Philippe Leroy, Raymond Meunier, Marc Michel.¿Es posible que durante toda una película estés esperando expectante a que unos presos que pueden haber matado a sangre fría se escapen de la cárcel y queden inmunes? Sí, lo es. Esto es precisamente lo que consigue Jacques Becker con “La evasión”.
Todo en la película está compuesto para que el espectador se meta de lleno en la huida. No sabemos nada de los personajes, aparte de que son cuatro más uno y que están encerrados (cuatro de ellos son una piña, el quinto es el nuevo y es del que más información tenemos). La escapada empieza desde muy al principio, y además está filmada con todo detalle (cuando empiezan a hacer el agujero en la habitación vemos un plano de unos 4 minutos de duración en el que van cambiándose entre ellos para golpear y vigilar).
Por todos estos detalles, Becker consigue que el espectador se meta en la huida, se sienta parte de ella, y solo desee que los presos consigan escapar. Igualmente hace que nos sintamos furiosos cuando el quinto preso se chiva y de esa manera rompe la ilusión que los personajes y nosotros, los espectadores, nos habíamos creado.
El quinto preso, Gaspard, se hace odiar al final de la película, igual que anteriormente llega a dar lástima. Lástima porque claramente no llega a integrarse en el grupo de presos (ya que llega el último a la celda), y porque es el único que parece verse obligado a contar el porqué de su encarcelamiento. Puede que estas razones (aparte de que el director le diga que la denuncia contra él ha sido retirada y saldrá pronto), sean las causantes del chivatazo, pero de todas maneras su actitud no se ve justificada ni por sus compañeros (que aunque sin verle como a uno de ellos han confiado en él), ni tampoco por los espectadores, tan metidos en “La evasión”.
Jacques Becker consigue con esta obra maestra que los espectadores se sientan también a punto de escapar, sienten el esfuerzo de los presos, el cansancio de los presos, y por supuesto, la desilusión de los presos al sentirse traicionados.
Garazi Rodriguez
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Fugarse de una cárcel es un tema que muchos han utilizado durante toda la historia del cine. Películas sobre fugas, sobre presos, sobre cárceles en general… inundan año tras año las pantallas. Pero, ¿alguna tiene la calidad de La Evasión? Difícil pregunta, pero más complicada es la respuesta.
Basada en un hecho real, que uno de los guionistas vivió, cuenta el intento de fuga de cinco presos franceses. El film se centra en contarnos cómo preparan el escape. No sabemos nada de los personajes, tan sólo de Gaspard. Aún así poco nos cuenta de él: cómo llegó ahí. Los personajes son meros autómatas que trabajan juntos para poder escapar, pierden su psicología en favor de la fuga.
Si tenemos que decir quién es el protagonista de la cinta, podríamos apostar por la fuga. Se le dedica más tiempo a mostrar los detalles del recorrido que trazan, que a los propios personajes. La importancia de los detalles de la huida son primordiales para Becker. Sorprende como somos capaces de memorizar el camino en los subsuelos de la instalación carcelaria. Tanto detalle podría resultar aburrido, pero no es así, mantiene la tensión dramática en todo momento, haciendo que el público también sea testigo de la fuga, y quiera huir.
Aún manteniendo el mismo plano prolongadamente mientras golpean el cemento, cuando cortan el barrote… en ningún momento tenemos la sensación de lentitud, ya que el sentimiento que persiguen los personajes se hace parte del espectador: conseguir la libertad. Los personajes se fatigan mientras cavan, y el público siente la necesidad de meterse en la pantalla y ayudarles para seguir con su plan. Es curioso cómo nos identificamos con el hecho, y no con los personajes, pero en ningún momento dejamos de lado la tensión y el suspense.
En resumen es una película de detalles. Detalles traducidos en excelentes planos, impactantes diálogos y situaciones, perfecta iluminación… Detalle también el no tener música, elemento que normalmente ayuda a mantener el ritmo narrativo, pero que no se echa en falta en ningún momento. Detalle es el trato de los carceleros y los presos, al contrario de otros films con esta temática, en ésta los carceleros respetan a los internos (la escena de los fontaneros cuando roban a los reclusos).
Probablemente ahora podamos contestar con más claridad a la pregunta del principio. ¿Alguna película sobre presos tiene la calidad de La Evasión? La respuesta sería clara: Jacques Becker hizo un gran film, difícil de superar.
Eider Rodriguez
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A veces resulta difícil, hoy en día, distinguir el buen cine del cine espectacular. El punto de inflexión parece no definirse jamás en la batalla de la oferta y la demanda: ¿Qué pide el público? Espectacularidad, y eso es lo que, por tanto, recibirá. Por eso, a menudo critican que los clásicos del cine están “pasados de moda”. Y a veces tendrán razón. Pero para silenciar esas voces, está “Evasión”.
El trabajo del director de aclamadas obras como “París, bajos fondos” (1952) o la premiada en Cannes “Antoine el Antoinette” (1947) es, sencillamente, magistral. El argumento se centra en cuatro presos que comparten habitación y que planean fugarse de la cárcel. Un joven acusado de intento de asesinato entra en su celda, por lo que deben contarle su plan y, en consecuencia, contar con él. La película muestra el proceso de preparación de la huida.
El espectador acompaña a los protagonistas durante su intento de fuga, y la fuerza de la película consiste en la ausencia casi absoluta de elipsis: Es testigo de todo lo que sucede, de cada golpe en el suelo, de cómo pasa el tiempo, despacio, pero no tediosamente, casi en tiempo real, hasta sentirse totalmente inmerso, como un preso más.
Habría mucho que decir sobre esta película si se quisiera hacerle justicia. Tal vez sea la “brutal” sencillez de la puesta en escena o la gran complejidad de los perfiles de cada protagonista, de quienes sabemos poco (exceptuando al “nuevo”) la estrategia para mantener en vilo.
La mención al tratamiento de la psicología de los personajes requiere ser completada: Al final del filme, todos juzgan a Gerard (el nuevo) por hacer lo que hacen, lo consideran, en cierto modo, falto de ética o moral. Sin embargo, y aunque no se sabe el delito que ha cometido cada uno, sí que se puede decir que son de gravedad, pues todos tienen largas condenas y, sin embargo, provocan gran empatía. Por tanto, Becker introduce al espectador en una maraña de sentimientos contrapuestos, donde “el malo” tiene fuerza y principios y “el bueno” (pues finalmente la verdad sobre Gerard sale a la luz) es débil y sin de ética.
Digna de ser recordada es la escena de los fontaneros: La actuación del guarda, a favor de los presos y en detrimento de dichos fontaneros, es inesperada, y provoca un extraño sentimiento de simpatía hacia él. De nuevo, Becker juega con la ambigüedad y manipula la moral del espectador.
Es, en definitiva, una maravilla que combina el esteticismo con el realismo de un modo único y nunca repetido en este género, repleta de frescura, sencillez y dotada de una tensión tal que deja clavado en el asiento a cualquiera.
Alejandra Sarmiento
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“La burguesía traiciona a la clase obrera”
Gaspar, un joven acusado de intento de asesinato es enviado a la cárcel, una vez allí comparte celda con otros cuatro presos, los cuales deciden escapar de la prisión cavando un laborioso túnel.
Última película del francés Jaques Becker, autor contemporáneo del neorrealismo y director de la interesante París bajos fondos, nos cuenta aquí un drama carcelario, sin artificios, con pulso firme y magníficamente elaborado.
Mientras ves Le Trou, no puedes dejar de sentir su fascinación, fascinación hacia los personajes, hacia sus formas, a los insertos, y sobre todo al ver como unas manos cavan un laborioso túnel, y es que el acierto de esta película está en sus formas que bien parecen geometría, y en ese aire documental y de televisión en directo que transmite.
La historia de los personajes en ocasiones se ve eclipsada por el hipnotismo de las imágenes que según avanza la cinta van adquiriendo mayor importancia y protagonismo, dando la sensación de estar viendo a ratos un programa de bricomanía, de modo que sientes mas curiosidad por ver cómo realizan una llave con un simple hierro que por saber lo que sucederá con los personajes una vez terminado el túnel, digo esto porque en ninguna otra película se disfruta tanto de un plano fijo de siete minutos mientras golpean el suelo con una barra.
Por otro lado la película también nos transmite mucho compañerismo y de cómo hay que arrimar el hombro en este tipo de situaciones aún con sus traiciones y decepciones finales. Dado que el nuevo inquilino en llegar a la celda les llevara a todos a la perdición, y todo el trabajo, tiempo y esfuerzo realizado desembocaran en humillación carcelaria, y es que resulta curioso ver como se introduce un factor nuevo a un proyecto ya comenzado y consolidado, y este, termina por desestabilizar todo lo establecido anteriormente.
El apartado técnico es simplemente brillante, cuenta con un empleo impecable de la luz y las sombras y una puesta en escena austera pero de gran fuerza visual transmitiendo realismo en todo momento y todo esto, mientras se prescinde de la música para enfatizar el sonido ambiente que se respira en cada uno de los recovecos de la prisión,(hasta los golpes al aire se pueden apreciar), de modo que el apartado técnico en su conjunto resulta ser el mayor atractivo de la cinta junto a unos actores semiprofesionales que ayudan mucho a la credibilidad de las situaciones.
Es de admirar como con un guión sencillísimo, un puñado de actores no profesionales, un pequeño zulo carcelario, una iluminación justita, unos efectos de sonido precarios y carente de banda sonora, se pueda conseguir semejante obra maestra del género, gracias Jacques Becker. Pocas veces con tan poco se ha hecho tanto.
Lo mejor: La fascinación y magnetismo que desprende la película.
Lo peor: Un guión eclipsado por la fuerza de las imágenes.
Pedro Quiroga


1 comentarios:
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