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viernes 25 de enero de 2008

EL COCHECITO














Esta película, que está considerada como una de las obras maestras del cine español, fue dirigida por Marco Ferreri y escrita por Rafael Azcona (fue el tercer largometraje de Ferreri dirigido en España, y también el útlimo, ya que se le caducó el visado y no se lo volvieron a renovar). Jose Isbert (Pepe Isbert) protagonizó “El cochecito”, que también cuenta con secundarios como Jose Luis López Vazquez.

En Europa el cine avanzaba a pasos agigantados al ritmo de nuevos estilos, mientras que en España, debido a la fuerte censura que se vivía, los cineastas tenían que contentarse con poder rodar una película parecida a la primera versión escrita. A pesar de todo ello, de cuando en cuando se colaban películas con críticas sociales como “El cochecito”, que gracias a ese toque de humor pasó inadvertida por la censura franquista.

La integración en una sociedad individualista y egoísta es el tema a tratar en “El cochecito”. Don Anselmo (Pepe Isbert), un hombre de unos 70 años, es el estorbo principal en su casa, donde tanto su hijo, su nuera o su nieta, intentan constantemente que no les moleste. Sus amigos (todos minusválidos) tienen un cochecito, que es la causa principal por la que Don Anselmo se siente marginado. De esta manera se encaprichará con el cochecito, y al ver que en casa no le hacen caso llegará incluso a vender las joyas de su mujer para comprárselo.

La película nos sorprende con una sociedad en la que cada cual está por encima del resto, el minusválido que siempre a aceptado compañía, consigue su cochecito y se desentiende de su amigo, el hijo no tiene tiempo para su padre… Una sociedad individualista al fin y al cabo en la que el materialismo está a la orden del día y todo el mundo quiere tener más que su vecino.

La despreocupación con la que se trata a al anciano en su familia y el egoísmo de la sociedad llevadas al extremo, están salpicadas con humor en “El cochecito”, incluso la iglesia entra dentro de esta caricatura, ya que aparecen constantemente crucifijos, y en una secuencia incluso vemos a un cura pasando por detrás de un minusválido sin hacerle el menos caso, a pesar de estar lloviendo a cantaros, demostrando así que ni ellos se libran del egoísmo individualista.

En una película en la que ni la iglesia se libra de la crítica social, no es difícil imaginar que ideales había por detrás. Unos ideales que debido a los tiempos que corrían tenían que verse bien escondidos en películas que a la vista hablaban de cochecitos, atropellos o incluso visitas américanas. La censura era difícil de burlar, y por ellos nuestros cineastas tuvieron que buscar las formas más ingeniosas de sobrepasarla, eso sí dejándonos muchas obras maestras.

Garazi Rodriguez

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“Don Anselmo solo quería un cochecito para estar con sus amigos…”. Así se nos presenta a Anselmo, un anciano que, a pesar de encontrarse más o menos en forma para su edad, se siente excluido y abandonado porque todos sus amigos tienen “cochecito” para desplazarse y hacer planes, de modo que tratará de hacer todo lo que esté en su mano para conseguir uno.

Basada en el relato Paralítico de Rafael Azcona, nominada al León de Oro y con el premio de la crítica en el Festival de Venecia, esta película se estrena bajo el amparo del neorrealismo y en pleno franquismo, lo cual puede resultar sorprendente dado que presenta una España en cierto modo austera y cruel, algo poco común en aquella época, debido a la censura.

Aunque se presente como comedia (pues ciertamente es una comedia negra), y pueda realmente resultar graciosa, esta película posee un trasfondo trágico y sórdido: Nos zambulle en una sociedad donde los inválidos son tratados como marginados, donde los ancianos no son venerados, sino un simple lastre para sus familias.

Por supuesto, es imprescindible mencionar el acierto con el que los personajes son perfilados (entre ellos José Isbert, el loco y entrañable protagonista, brilla como la estrella que es): Son personas reales, el espectador no puede evitar sentimientos contradictorios o encontrados hacia ellos, pues Ferreri los presenta crueles y a la vez tiernos, de actitudes despreciables y, sin embargo, a veces comprensibles.
La corriente neorrealista, como ya he mencionado con anterioridad, está presente en la película, rodada en blanco y negro y con una imagen francamente cuidada, y cuyos escenarios naturales y decorados son reflejados maravillosamente bajo la mirada fotográfica de Baena.

El acierto de Ferreri, a mi parecer, consiste en presentar los aspectos encontrados de la vida como algo natural, en hacernos entender la demencia e incluso, en determinados momentos, justificar las más terribles acciones o actitudes de todos los personajes de la España franquista, todo ello bajo un prisma cínico y certero.
A pesar de todos los aspectos destacables del filme, si hubiera de decantarme tan solamente uno, éste sería el final: Nadie puede quedar impasible, es inesperado, amargo pero divertido, y es magistral la forma en que se presenta y se resuelve la situación del esperpéntico protagonista.

Es, en definitiva, una película imprescindible para todos los que se consideren amantes del buen cine y mejores historias, con varios y merecidos premios en su haber, que no dejará indiferente, para bien o para mal, a ningún espectador.

Alejandra Sarmiento

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Mientras Europa estaba en plena ebullición cinematográfica, apostando por el realismo, España se sumergía en una profunda crisis creativa debida al peso de la censura. Marco Ferreri apostó por reflejarnos una sociedad ruin, envidiosa e individualista impregnada con gotas de humor. Así consiguió que la trama social de la película pasara inadvertida.

Gracias al estupendo guión de Rafael Azcona, Ferreri nos introduce en el Madrid de 1960 visto desde la perspectiva de Don Anselmo (Pepe Isbert), un jubilado que busca sentirse integrado en su casa, con sus amistades y en la sociedad en general. En casa tan sólo es un incordio que deambula refunfuñando y pidiendo dinero a su hijo. Dinero que se gastará con sus amigos: jubilados e inválidos. Todos y cada uno de ellos poseen un cochecito, que Anselmo deseará con todas sus fuerzas para no sentirse rechazado. El cochecito de capricho pasará a volverse una obsesión para el jubilado, que incluso venderá todas sus pertenencias para lograr el dinero que necesita.

La gran carga social que presenta esta película es tratada con sutileza y humor, atípica para aquella época. La despreocupación de los familiares por los ancianos y el egoísmo de la colectividad, son el eje de este maravilloso film. Ejes, que hoy en día, siguen estando presentes en nuestra sociedad. El individualismo de la sociedad moderna y capitalista es llevado hasta el extremo de caricaturizar un hecho tan común, que la Iglesia también encarnará (en la escena que llueve y uno de los paralíticos se queda en la acera, ni el cura que pasa por detrás le ayuda).

Esta mordaz crítica a la sociedad capitalista es fácil de entender, cuando detrás de la cámara nos encontramos con unos ideales comunistas, contrarios completamente a la sociedad establecida. El franquismo apretó fuertemente a aquellos que no se movían bajo su compás, lo que les llevó a agudizar el ingenio y dejarnos grandes obras maestras como esta. Una época realmente difícil, pero a su vez enriquecedora para el cine español, que sobrevivió gracias al sutil trato del sentido del humor tipical spanish, y es que la imagen de paleto español se extendió por América.


Eider Rodriguez

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“Un Cochecito para llevar a la familia al mas allá”

Don Anselmo es un anciano caprichoso que un día decide comprarse un coche motorizado para inválidos, ¿la razón? todos sus amigos poseen uno, y él al no tenerlo, se siente como un bicho raro.
El cochecito, hoy día es uno de los referentes en cuanto a cine español se trata, una mirada a una España egoísta, caprichosa y terca que se encontraba sumergida en el franquismo.

Ferreri , con esta película cierra su ciclo por España y junto a Rafael Azcona, escribió el guión de la misma, basado en una obra del propio Azcona.
Esta tragicomedia, consigue mediante la comedia momentos de gran surrealismo, mostrando como las personas discapacitadas pueden integrarse socialmente y por otro lado, como las personas aparentemente integradas son rechazadas e incomprendidas por la misma sociedad e incluso por la propia familia.

La crítica hacia la sociedad Española de los años sesenta es feroz, y toma aquí muchas direcciones, entre ellas hacia el régimen autoritario y su economía, otra de ellas por ejemplo, seria hacia las ayudas que obtienen las personas físicamente discapacitadas pero a su vez a la inexistente ayuda emocional para otras.

Las situaciones comienzan ridículas, chistosas y esperpénticas, mientras que poco a poco todas ellas van tomando forma de tragedia hasta el momento culminante del final. Todas estas situaciones junto a la terquedad del personaje son el impulso para que Don Anselmo actúe de esa forma hacia el final, son como gotas de agua cayendo en un vaso, hasta que un día, cae la gota que lo colma y todo se desborda.

Con una notable dirección y fotografía la película cuenta con muchos planos largos y distantes. Se muestran también muchos espacios abiertos y tomas exteriores de Madrid como calles en plenas obras, el gran tráfico y hasta un cementerio. Mención aparte al trabajo de interiores y en especial a las escenas de Isbert corriendo arriba y abajo por el pasillo de su casa, donde se puede apreciar el buen trabajo de cámara que se mueve con soltura por todas las habitaciones.

Las actuaciones son de primer orden, donde el gran José Isbert se come literalmente la pantalla y es que hace al personaje absolutamente creible, no se sabe donde empieza el actor y donde acaba el personaje, posiblemente una de sus grandes actuaciones.

Lo mejor: José Isbert.
Lo peor: algunos detalles que no pasan de la simple anécdota.

Pedro Quiroga