
Título original: “Los olvidados”; Nacionalidad: México; Año: 1950; Director: Luis Buñuel; Guión: Luis Buñuel y Luis Alcoriza; Producción: Óscar Dancigers y Jaime Menasce; Fotografía: Gabriel Figueroa; Duración: 80'; Ficha artística: Stella Inda (Madre de Pedro), Miguel Inclán (el Ciego), Alfonso Mejía (Pedro), Roberto Cobo (Jaibo), Francisco Jandrina (el Director).
A comienzos de la década de 1950, Luis Buñuel parecía haber desaparecido del panorama cinematográfico: desde su exilio forzoso en México, apenas había firmado algunas obras de encargo. Por eso, cuando presentó “Los olvidados” en Cannes, la crítica se vio obligada a volver a tener en cuenta al turolense que, años atrás, había escandalizado a la burguesía con “Un perro andaluz” y “La edad de oro”.
Y es que, por encima de otras consideraciones, “Los olvidados” es una película ideada para remover la conciencia del espectador. Con este fin, Buñuel toma una historia que (como se encarga de subrayar el prólogo del film) puede darse en cualquier gran urbe del mundo: la de un grupo de jóvenes marginales luchando por sobrevivir. A partir de aquí, la narración enumera las desventuras de Pedro, un adolescente que intenta salir adelante a pesar de los malos tratos de una madre odiosa, y de Jaibo, el macarra líder de su pandilla. Cuando Pedro presencie un asesinato cometido por Jaibo, su culpabilidad le hará ir de mal en peor, mientras el delincuente tratará de seguir adelante, delito tras delito.
Así pues, esta obra bien podría enmarcarse dentro del (así llamado) “cine social”. Pero este nombre no ha de confundir a nadie: no es éste un filme de “pobres bondadosos y burgueses malvados”. Buñuel, una vez más, lucha contra los prejuicios bienpensantes: en “Los olvidados”, apenas si aparecen ciudadanos respetables; si lo hacen, su comportamiento es represor, ingenuo o execrable. El peso de los actos malvados recae sobre el lumpen de las barriadas mexicanas. Porque lo mas aterrador de esta historia es que, en ella, los desfavorecidos no lo son (sólo) porque otros los opriman: ellos mismos se ven obligados a ser aún más perversos, a romper aún más barreras morales, con el fin de llevar adelante sus miserables existencias.
Al margen de esta idea, otro de los rasgos temáticos de Buñuel es claramente reconocible: la crítica a la caridad y a las buenas intenciones burguesas. De esta forma, cuando Pedro sea internado en un campo de trabajo, el director del centro le dará dinero para demostrarle su confianza en él, desencadenando de esta forma el dramático final del film.
La estructura de “Los olvidados” está perfectamente planificada para que las tesis que plantea puedan asimilarse con facilidad. A pesar de las muy diversas historias menores (como la de la madre de Pedro, o la de “Ojitos”, que ayudan a completar el discurso), la cámara tiende a fijarse en el devenir de Pedro y Jaibo: sus comportamientos aparentemente opuestos acaban por fundirse en una sola (y desgarradora) realidad final.
La mirada implacable de Buñuel sobre el lumpen mexicano tiene una continuidad clara y magnífica en el plano estético. Toda la película está rodada en estudio, oponiéndose de base a los métodos de trabajo de otros cineastas considerados “comprometidos”. Además, la fotografía de Gabriel Figueroa aporta infinitos matices a la narración, gracias a un blanco y negro que da múltiples oportunidades para el uso de claroscuros. Pero más importante aún resulta la forma que el genio de Calanda tiene de filmar a los personajes. Estos aparecen jóvenes o ancianos, bellos o terribles, sanos o tullidos, pero siempre tal y como se han hecho a sí mismos... y si han de ser odiosos, los son. Toda una patada en el estómago del pensamiento burgués, cortesía de Luis Buñuel.
Mikel Uribe-Etxebarría
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No estamos ante un documental, tampoco ante una película basada en hechos reales. Estamos, como bien se anuncia al principio, en letras llamativas, ante un filme “basado en hechos de la vida real”. De este modo, Buñuel consigue el efecto deseado: nos sentimos más cerca de los personajes o, al menos, pensamos que, en algún lugar del mundo, las cosas son así.
Como el propio nombre de la película parece vaticinar, no es una de las más recordadas de Buñuel, director de títulos mucho más destacados como “La Edad de Oro” (1930) o “Viridiana” (1961). Aunque “El Perro Andaluz” es tal vez la muestra más clara de surrealismo en el director aragonés, lo cierto es que, incluso en este filme, que en apariencia podría pasar por documental social, ofrece dos fantásticos momentos surrealistas, los sueños de los dos protagonistas, Jaibo y Pedro.
La historia se centra en un grupo de chicos de la calle que trata de abrirse paso, y la delincuencia parece ser su única vía. Algunos, delincuentes natos, se vuelven peores, otros, de buen corazón, intentan mejorar, pero todo se pone en su contra… Es una cruda y dolorosa historia llena de pobreza, miseria e insolidaridad.
Todo gira en torno a la naturaleza ambigua del ser humano, presentada en el filme a través de personajes muy ricos. Así, con retratos como el del ciego, muestra su postura acerca de la vida, donde el pobre no es bueno por ser pobre, sino que, precisamente por serlo, ha de ser peor para poder sobrevivir. El ciego es, probablemente, el personaje más controvertido, ya que parece representar toda la inhumanidad que caracteriza a todos aquellos que consideran tiempos mejores aquellos en los que “se acaba con todos esos delincuentes”.
Asimismo, la película atrapa con su excelente fotografía, cada plano perfectamente estudiado, milimétricamente montado. En cuanto a los elementos característicos en Buñuel, véase la religión o el erotismo, son menos perceptibles, y he ahí la maestría del director: Hace alarde de un magistral uso de lo implícito, de la sugerencia, haciendo de algo aparentemente inocente algo pícaro o escandaloso. En todo momento damos por hecho sin ninguna dificultad lo que va a suceder después, como sucede tras el portazo de Jaibo.
Es digno de mención también el personaje de Ojitos, tratado en el filme como una especie de Lazarillo de Tormes, quien, al igual que éste, es un chico inicialmente inocente que comienza siendo corrompido por el ciego, y acaba en una espiral en la que a mayor degradación personal, mayor sensación de satisfacción. Aun así, nunca se pierda cariño al personaje: de nuevo se percibe la sabia mano de Buñuel.
Cierto es que también hay momentos de esperanza, de fe en la bondad humana, representadas estas percepciones en el Director del Orfanato, un hombre sabio y confiado que cree en la reformación personal. Sin embargo, al menos en la película, no somos testigos más que de un pequeño ápice resultado de sus buenas intenciones.
En definitiva, “Los Olvidados” ofrece una visión pesimista de la sociedad, sin compasión: Una maravillosa obra de un excelente y atrevido director que nos deja con un extraño y agridulce sabor de boca y algunos temas sobre los que reflexionar.
Alejandra Sarmiento
jueves 29 de noviembre de 2007
LOS OLVIDADOS
viernes 16 de noviembre de 2007
NOSFERATU

Dirección: Friedrich Wilhem Murnau, Producción: Enrico Dieckmann, Albin Grau, País: Alemania, Año: 1922, Género: Terror, Guión: Henrik Galeen, Intérpretes: Max Schreck, Gustav von Wangenheim, Greta Schröder, Alexander Granach, Georg H. Schnell, Ruth Landshoff, John Gottowt.
“Nosferatu” de F. W. Murnau fue la primera adaptación cinematográfica de Drácula, aunque el director no había conseguido los derechos para rodarla. Así lo hizo ver la viuda de Bram Stocker, quien lo denunció y ganó, por lo que se destruyeron la mayoría de las copias de la cinta, aunque se conservó lo suficiente como para que hoy en día podamos verla íntegra y en buenas condiciones.
La historia gira en torno a Hutter, un empleado de una inmobiliaria al que se le asigna viajar a Transilvania para tratar de vender una casa a un misterioso cliente, el Conde Orlok. Desde el momento en que inicia el viaje, dos historias transcurren en paralelo: la de Hutter y el Conde, y la de la esposa de Hutter.
El cine mudo parece haber perdido la capacidad de sorprender. La mayoría de los espectadores diría que se hace pesado, lento o aburrido. Pero independientemente de la antigüedad y la ausencia de color y voz, el talento es algo intemporal y perpetuo, y así lo demuestra Murnau con “Nosferatu”. Aunque ya había rodado otras películas, ésta fue la más famosa, a la cual siguieron otras como “El último” (1924), considerada de las mejores, o “Amanecer” (1927), la cual rodó en Estados Unidos y obtuvo dos Oscar.
Murnau es considerado uno de los mayores representantes del expresionismo alemán, y “Nosferatu” es una gran prueba de ello: la importancia de la psicología de los personajes en el cine expresionista se puede observar fácilmente en Ellen, la esposa de Hutter; el uso de los claroscuros, la sobreactuación, los primeros planos... exceptuando que esta película sí se rodó en exteriores, es uno de los referentes más claros de dicha corriente.
Este artista hacía malabares con los pocos recursos existentes: planos cuidadosamente elaborados, efectos sorprendentes y audaces o un sabio uso de la iluminación y los decorados fueron algunos de los elementos que hicieron que las obras de Murnau sean, aun hoy en día, consideradas maravillas visuales. Representativa de lo dicho es la sobrecogedora secuencia en la que emplea el movimiento acelerado para mostrar que lo que está sucediendo es sobrenatural.
En definitiva, el resultado es una de los filmes más cuidados estéticamente del cine mudo, auténtico arte en movimiento del que cientos de películas han bebido. “Nosferatu” es un clásico del cine de terror del que todos deberían disfrutar y asombrarse ante el talento de uno de los mejores directores de la época.
Alejandra Sarmiento
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Sinopsis: Hutter, un joven trabajador en una empresa de venta de casas, es enviado por su jefe al castillo del Conde Orlok, quién resulta ser un vampiro (Nosferatu). Orlok al ver una foto de la mujer de Hutter emprenderá un viaje en su busca y Hutter a su vez regresará a su ciudad para advertir a todo el mundo de la presencia de este ser maligno. Ellen (la mujer de Hutter), leerá que sólo una mujer pura podría hacerle desaparecer y se entrega a Nosferatu, llevándole a la muerte, pero muriendo ella también.
Crítica: “Nosferatu” de F.W.Murnau es la historia del Drácula de Bram Stoker, pero Murnau le cambió el nombre por no pagar derechos de autor. Este hecho le trajo problemas judiciales a Murnau, ya que la viuda de Stoker le demandó y ganó el juicio. A pesar de todo, la película se conservó y es una de las películas que forman una parte importante de la historia del cine.
El director en cuestión, dirigió aparte de “Nosferatu” otras películas importantes en la historia del cine como “El último” (en la que no hizo falta ningún intertítulo, ya que visualmente se entendía el argumento), “Fausto” o “Amanecer”.
“Nosferatu, el vampiro” narra la historia de Drácula, pero en comparación con los Dráculas que se han representado después, es totalmente diferente. Para empezar la estética del Conde de Orlok, su imagen es horrible, es digna de ver en la peor pesadilla, no tiene ese toque de seductor que tienen los Dráculas hechos después. De todas formas, Nosferatu sigue muy fielmente la estructura de la novela de Stoker (en la novela el diario de Hutter ocupa gran parte de la historia y en la película está bastante respetado).
Por otro lado, el montaje elegido por Murnau es muy acertado, ya que vemos paralelamente lo que pasa en el viaje de Hutter hacia el castillo o en el castillo mismo, y lo que está viviendo Ellen su mujer. Cuando el Conde de Orlok decide ir en busca de Ellen, viaja en barco, mientras que Hutter viaja por tierra, y también estos dos viajes se intercalan paralelamente. Los planos elegidos también deben ser reconocidos, porque vemos como pasa de planos generales a primeros planos de la cara de Ellen por ejemplo para reflejar mejor la preocupación que siente al saber del viaje de su marido.
La oscuridad que refleja la película hace que entres más en ese mundo oscuro y tétrico que nos quiere enseñar Murnau, ese mundo donde existe ese ser, y aunque hoy en día no sea una película que de miedo, nos hace comprender el terror que sienten los habitantes al solo oír nombrar el nombre del Conde de Orlok. La iluminación, esa manera de crear las sombras, está muy bien utilizada para advertirnos del acecho, o del ataque que está a punto de suceder. Tanto cuando intenta atacar a Hutter en su castillo, como en el final cuando Ellen se deja seducir para acabar con él, vemos la sombra de Noferatu, siempre con las manos levantadas en señal de ataque, acercándose a su presa despacio, pero intimidándole y aterrándole.
De esta manera, la película nos deja muy claro el concepto del mal, en el que el mal está representado por un vampiro chupa sangre que trae consigo la peste, y el bien está representado por la dulce Ellen que se sacrifica para que el resto del mundo pueda vivir en paz. Hutter a su vez realiza un viaje iniciático en el film, donde al principio vive en un mundo feliz, en el que él no conoce mal alguno, pero según vaya pasando la película se irá dando cuenta de que el mal existe y acecha en cualquier parte (de hecho Nosferatu va dejando su mal allá donde va, simbolizando el mal que se puede encontrar en cualquier parte del mundo).
Por último decir que “Nosferatu” hay que verla no como una versión más del Drácula de Bram Stoker, si no como “Nosferatu”, porque no tiene nada que ver con el resto de versiones realizadas y está un paso por delante tanto visual como estéticamente.
Garazi Rodriguez
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Película dirigida por F.W. Murnau en 1922, basada en la novela Drácula de Bram Stoker. No tenía permiso para llevar a cabo esta adaptación del libro, y aun cambiando los nombres de los personajes, perdió la demanda interpuesta por la viuda de Stoker.
Es uno de los máximos exponentes del expresionismo Alemán, en plena República de Weimar, junto con el Gabinete del Dr. Caligari (1919) y El Golem (1920). Estos tres films reflejan la época lúgubre y oscura en la que estaba inmersa. El Tratado de Versalles no dejó en muy buen lugar a este país, e hizo que una gran crisis económica y social se hiciera con Alemania.
Es la primera película que habla sobre Drácula, dándonos a conocer uno de los personajes que más veces ha usado el cine de terror. Todo empieza cuando el Conde Orlok (Max Schreck) decide comprar una casa en Wismar, y el jefe de una inmobiliaria (Knock) manda a un empleado a cerrar el trato, Hutter (Gustav von Wangenheim). El joven emprende el viaje hacia los Cárpatos dejando a su esposa en casa de unos amigos. Por el camino es advertido de lo que esconde el Conde Orlok, pero hace oídos sordos. Al llegar al tétrico castillo todo empieza a ir mal, y Hutter descubrirá que el Conde es un vampiro. En el camino de vuelta hará todo lo posible para impedir que el Conde se haga con Wismar y lo más importante, su esposa, que antepondrá el bienestar del pueblo a su vida.
Este film hace que nos olvidemos de todas las películas de la época, gracias a la magnífica atmosfera que consigue crear Murnau, con muy pocos recursos. Cada plano parece un cuadro en movimiento, ya que la composición es muy rica. Consigue crear tensión en el espectador, cosa que era bastante complicada, dado que los intertítulos hacen que el público se aleje de la acción.
No deja a nadie indiferente este relato, que gracias a los virados que utiliza hace que las emociones estén a flor de piel. Cada color expresa una sensación. Todas esas sensaciones están genialmente pensadas por el director. Al igual que la música, perfectamente estudiada para crear más suspense y la sensación de miedo en el espectador.
La historia, que está dividida en cinco actos, se nos cuenta a partir del segundo, mediante el montaje paralelo de las acciones. Así también nos da a conocer los dos personajes que sienten a distancia: Ellen y Knock. Nos enseña dos acciones que pasan al mismo tiempo pero en diferentes espacios.
El personaje del Conde Orlok es el primer vampiro del cine. Muy diferente a los que posteriormente nos han dado a conocer otros directores, con mayor o menor éxito. La imagen de los vampiros de hoy en día está muy lejos de la que Murnau nos presenta. No es un vampiro atractivo con una cuidada estética, sino un monstruo con dos grandes incisivos, calvo y con garras.
El Conde representa el Mal, la dominación que ejerce una fuerza sobrenatural sobre toda la población. Al igual que pasaría en M, el Vampiro de Düsseldorf no es descabellado pensar que la influencia de Hitler hizo que la dominación corrieran a cargo de protagonistas muy poderosos, los cuales arremetían contra los ciudadanos acabando con ellos.
Para terminar, solo decir que aun siendo una gran película con muchas virtudes, se acaba haciendo pesada. Algunos fragmentos son excesivamente largos para la poca acción que recogen. Y en ocasiones, cuando la acción está en su punto más álgido, acorta. La falta de ritmo en algunos fragmentos hace que el film se haga más largo de lo que realmente es.
Eider Rodriguez
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“Nosferatu” (1922) es la película más popular del director alemán Friedrich Wilhem Murnau, uno de los autores más enigmáticos de la historia del cine. Su prematura muerte y la férrea censura que sufrieron sus obras, eclipsaron durante años la figura de un director que firmó algunos de los más brillantes largometrajes del cine mudo.
Inspirada en la novela del escritor irlandés Bram Stoker, “Nosferatu” sentó las bases de la mitología vampírica en el cine y ha sido fuente de inspiración para los más diversos autores, llegando incluso a hacer de su actor protagonista, el alemán Max Shreck, un mito de la cultura popular. Desgraciadamente, los implicados no pudieron disfrutar de este merecido éxito ya que la película sufrió el azote de la censura debido a diversos litigios con los herederos del novelista británico, cayendo así en el olvido hasta que en la década de 1970 resurgió el interés por la obra de Murnau y se consiguió restaurar la cinta.
La película narra la historia de Jonathan Hutter, empleado de inmobiliaria alemán, que es enviado a la lejana Transilvania para cerrar la venta de una propiedad con el misterioso conde Orlock. En casa, su esposa comienza a sufrir una serie de extrañas pesadillas que le advierten del serio peligro que corre su marido, atrapado en la morada del vampiro.
A pesar de que “Nosferatu” fue concebida en un principio como la adaptación cinematográfica de “Drácula”, los conflictos con los derechos de autor obligaron al guionista Henrik Galeen a moldear la historia original e introducir diversos cambios que afectaron en menor medida al desarrollo y muy notablemente al desenlace del film. Así, algunos personajes imprescindibles en la novela, no tienen cabida en la película, que reduce el elenco de actores casi a la mínima expresión.
En el caso del protagonista, la libre adaptación se hace aún más patente. Por un lado, la novela de Stoker presenta al vampiro como un ser profundamente complejo que representa la dualidad humana y la permanente lucha entre el instinto y la razón. Murnau, por su parte, opta por hacer una lectura sociopolítica del personaje, simplificándolo para convertirlo en una amenaza que requiere de sacrificio para ser combatida. Muchos identifican este fatalismo recurrente en la corriente expresionista con la agitación social que precedió al ascenso del nacionalsocialismo.
En el ámbito formal, Murnau trata de distanciarse de la influencia del teatro, aunque mantiene ciertos rasgos que se antojan imprescindibles para paliar la carencia de sonido. Así, los personajes son prototipos fáciles de identificar por su caracterización y por unas actuaciones convenientemente exageradas. Se puede decir, por lo tanto, que ese halo de obviedad que envuelve la narración, se torna necesario para comprender la historia sin recargarla de unos intertítulos que no hacen sino ralentizar la acción.
El film se caracteriza por la extraordinaria riqueza visual de los planos que lo componen, incluido el celebérrimo teatro de sombras que precede a Nosferatu en el clímax final. Este apabullante despliegue de talento contrasta con las limitaciones técnicas que imponían las cámaras de la época, por lo que la mayoría de esos planos son, asimismo, estáticos. El montaje, sin embargo, resulta aún tosco estéticamente y no se atisba intención alguna de camuflarlo para sustentar la necesaria suspensión de la incredulidad. Aún así, el director echa mano de los pocos recursos que tiene a su alcance para imprimir fuerza al tenebroso submundo del vampiro.
Por todo lo expuesto, “Nosferatu” resulta imprescindible como introducción al subgénero de terror vampírico por su carácter pionero y se presta además a una interesante lectura social que hace de su visión un espectáculo altamente recomendable.
Miren Korta
AMANECER

T.O.: Sunrise, 1927; Director: F.W. Murnau; Guión: Carl Mayer; Música: Hugo Riesenfeld; Fotografía: Charles Rosher & Karl Struss (B&W); Productora: Fox Film Corporation; Reparto: George O'Brien, Janet Gaynor, Margaret Livingston, Bodil Rosing, J. Farrell MacDonald; Duración: 110.
Primera película dirigida por Murnau en Hollywood en 1927, el mismo año en que se hizo el primer film con sonido (The Jazz Singer, de Alan Crosland). La película de Murnau no tiene nada que envidiar a las que empezaban a incorporar los adelantos tecnológicos que se estaban dando en esa época, ya que aun siendo cine mudo, estaba especialmente adelantado en cuanto a lenguaje visual.
Esta película basada en la novela “Pasaporte a Tilsit”, obtuvo tres Oscar en la primera gala que se celebró en 1928. Los premiados fueron: Janet Gaynor, como mejor actriz; Charles Rosher y Karl Struss por la fotografía, y la estatuilla a la mejor calidad artística de producción.
En ella se nos cuenta la encrucijada en la que un campesino se encuentra, dado que su amante (una mujer de ciudad), le induce a que asesine a su esposa. Lo que iba a ser un asesinato, se convierte en una bonita reconciliación que llevará a la pareja a la ciudad. Pero lo que se había convertido en un bonito día, acabará siendo una tragedia para el marido.
El film combina magistralmente el drama y la tragedia, que hace que las emociones del espectador estén a flor de piel, aun teniendo en cuenta que los intertítulos alejan de la acción. Este acercamiento por parte del espectador, también es dado por la simpleza argumental de la historia.
Murnau nos presenta una película con un claro mensaje a favor del matrimonio y en contra de la vida moderna que se daba en esa época en la ciudad. El dualismo está presente durante los 110 minutos de cinta. Por un lado tenemos a la mujer, y por otro, a la amante; el campo y la ciudad, el día y la noche, etc. Otro elemento que usa para expresar esta idea abstracta, son los efectos. Las sobreimpresiones y las transparencias refuerzan la idea del bien y el mal, dejando claro que el cine mudo también podía valerse de técnicas más modernas.
Murnau consiguió una depuración del lenguaje cinematográfico tal, que quiso estrenar la película sin ningún intertítulo, cosa que los productores rechazaron. Aun así el film se puede entender perfectamente sin ninguna explicación y conseguir estremecernos con sólo imágenes.
Para terminar, otra gran virtud de Amanecer, es el movimiento de cámara. La cámara fija se deja a un lado, para mostrarnos impresionantes travellings de seguimiento. Como por ejemplo, cuando el marido va a encontrarse con su amante en el bosque.
El director, transforma una sencilla historia de un matrimonio en una obra maestra, llena de emociones conseguidas con el genial uso del lenguaje cinematográfico.
Eider Rodriguez
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La relación a dos bandas de George O`brian, representando un personaje sin nombre, entre su esposa y una mujer mas bien liberal de la ciudad es el punto de partida escogido por el director para dar atmósfera a la película. La tentación casi diabólica que ejerce sobre el marido la amante venida de la ciudad, convence al marido y lo incita para asesinar a la esposa.
Murnau filmo Amanecer en 1927, su primera película en Hollywood. Atribuido en la corriente expresionista de la Alemania de los años 20, Murnau ha pasado a la historia del cine por su puesta en escena, y por ser una de las pioneras en dar movimiento al cine.
Nunca el silencio fue tan expresivo. En la expresión y la transmisión del mensaje, para seguir el hilo de la película, los pocos intertítulos que aclaran la situaciones casi no se echarian en falta si no estuvieran. La interpretación de los actores es muy importante, vital, en esta labor. La expresión de sus caras combinada con la casi milimetrica elección del plano por parte del director nos llevan de la mano a traves de la narración casi sin enterarnos. La capacidad de transmitir la complejidad de la psicología de una personaje sin una sola palabra simplemente, estremece. La belleza del plano, tanto por su estética como por su plasticidad poética, es una de las razones por las que esta película ha entrado a formar parte de la historia del cine.
La película nos envuelve en un ambiente cambiante, de romantico y dramatico, precedido por la intención de traicion por parte del marido. Las escenas de tension en la barca se suceden con las de pasion y amor en la ciudad, envolviendonos en una atmosfera casi magica o fantastica por la movilidad de la pelicula. El director indaga en los mas basicos impulsos humanos con una combinación de armonia y suspense que imana poesía, para resolver el entramado en el ultimo segundo con una elegancia suprema.
Maitane Iruarrizaga
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Situémonos en 1927. Tomemos a un director ya consagrado en la convulsa Alemania de Weimar, que hasta el momento ha levantado una sólida carrera dentro del Expresionismo cinematográfico, admirado por la crítica y seguido por el público. Tomemos ahora a todo un “Studio” hollywoodiense que, inmerso en una salvaje carrera en busca de nuevas propuestas con las que llenar las salas, decide jugársela por este artista para llevar a buen puerto una producción de coste astronómico. ¿Cuál puede ser el resultado de una apuesta tan arriesgada?
Hoy en día, los cerebros pensantes de la Meca del Cine soportarían la incertidumbre del rodaje con llamadas a deshoras a sus psicoterapeutas. Y, sin embargo, ejemplos como “Amanecer” demuestran que es posible que dos ideas a veces enfrentadas como la creación artística y la búsqueda de rentabilidad económica pueden ser compatibles. Pero, ¿cómo?
En primer lugar, es necesario escoger una historia que, por su sencillez, sea fácilmente comprensible, y que, al mismo tiempo, permita que la reflexión sobre distintos temas que puedan surgir de ella. En este caso, Murnau se decantó por el clásico entre los clásicos: el triángulo amoroso. Así, “Amanecer” narra la historia de un Hombre de campo, que llevaba una vida sencilla junto a su Esposa hasta que una Mujer de la Ciudad se interpone entre ellos. El Hombre cae rendido a sus pies y, cuando ella le proponga asesinar a su Esposa, él comenzará a urdir un plan, que muy pronto se verá truncado.
Hablamos, por tanto, de una historia preñada de temas sobre los que Murnau diserta, marcando claramente las oposiciones entre Bien y Mal, o entre la Realidad y la Apariencia. Ahora bien, no ha de pensarse que “Amanecer” sea un filme maniqueo, ni mucho menos: el genial director de “Nosferatu” sabe dotar de matices a personajes, espacios y acciones, de manera que el espectador se ve obligado a reflexionar sobre lo que se le muestra en la pantalla.
Por otra parte, el rechazo a usar nombres para identificar a los personajes, en contra de lo que pudiera parecer, no es una forma de convertirlos en meros arquetipos sin alma; en cambio, ayuda a que sus situaciones y formas de actuar se hagan reconocibles para el público de manera más inmediata y personal. Y lo mismo puede decirse de los giros argumentales de la trama: Murnau utiliza con sabiduría elementos y sorpresas dignos de un folletín, pero que ayudan a que la implicación de los espectadores con el conflicto se acentúe.
Pero es en el plano estético en el que hay que buscar el mayor valor de esta película. Y es que es digna de elogio la valentía del director para echar mano de todo tipo de recursos: complejos travellings que parecen buscar lo que los personajes desean, transparencias que llevan al espectador hasta lugares anhelados por otros... La riqueza visual de “Amanecer” parece inagotable. Y, por descontado, Murnau la gestiona con soltura, sin renunciar a ciertas influencias claramente expresionistas ni hacerle asco a la forma más “burguesa” de narrar que parece descubrir en América.
Sus planos cargados de suntuosidad, y de una carnalidad que aún hoy resulta fresca, puede que no sean los mismos de su etapa alemana, pero no desentonan en absoluto con ésta. Y es que “Amanecer” es el resultado de una apuesta arriesgada, pero con final feliz.
Mikel Uribe-Etxebarría
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SINOPSIS: Un campesino se enamora de una sofisticada mujer de ciudad que está pasando una temporada en el campo. Su obsesión por ella es tal que descuida sus labores, y la gente comienza a darse cuenta. Pero lo peor vendrá cuando la mujer le pide que se deshaga de su esposa, para poder irse con ella a la ciudad. El hombre decide planear todo para cumplir los planes de su amante.
Película de corte dramático y trágico con pinceladas cómicas que rozan con
el cinismo del que ha jugado con la muerte. Me parece una película que trata todos los aspectos del ser humano hasta tal punto que hace que pienses en cada etapa por la que pasa el personaje principal y seas crítico hasta con tu propia vida. Los toques góticos y siniestros me parecen fascinantes el arqueamiento del actor principal la rabia contenida en su mirada, una mirada que es feroz de ahí que utilice la naturaleza, el instinto animal, la incomprensible levedad del ser humano. Y cuando todo nos parece que va a finalizar de forma trágica da un giro total en la ciudad y nos hace ver la ternura de los personajes, el amor y humor en los pequeños detalles cuando dos personas se quieren. El descubrimiento, el saber que la persona que tienes al lado es la persona a la que amas domina todo el desenlace, el defenderla hasta la muerte de aquello que le puede hacer daño. Los personajes están tratados de una forma soberbia; tienes el personaje de la chica de ciudad que llega al pueblo como algo fascinante, entonces el personaje del hombre de pueblo que se queda prendado de ella, que rompe la rutina en la que vive en su matrimonio, el clásico amor fatal que le hace perder de forma absurda la cabeza pero que a todos nos a pasado. Por eso el director nos lo presenta al principio como comprensible hasta que la locura ciega sus ideas y solo ve en la muerte de su mujer la única salida. El personaje de la mujer junto con el del niño son el elemento tierno del que todos nos quedamos prendados aunque parezca insulso (el de la mujer) va cobrando fuerza hasta el final y nos hace ver que el perdón fruto del amor que tiene a su marido es un arma de doble filo que al final sale victorioso. En cuanto al ambiente que recrea en la película es sorprendente a la vez que fascinante ya que en las escenas en el pueblo da la sensación de un tipo de campo encrespado que el director utiliza para recrear el estado anímico por el que pasan los personajes, de tal modo que en la ciudad cuando redescubren su amor mutuo es un ambiente de luces y de fiesta. Y para finalizar la escena de la tormenta que se desata origina un pequeño giro en el espectador ya que estamos ante algo imprevisible y trágico, la fuerza de la naturaleza que desata en el personaje la rabia y impotencia del que ve que en poco rato todo se acaba (tanto el personaje como el espectador). Y al final el desenlace es feliz juego mágico, truco mental de un director que ha sabido jugar mediante su manejo de tomas y planos con la mentalidad del espectador y ha sabido tocar todos sus pensamientos y sentimientos.
Iñaki Diestro
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Una imagen vale más que mil palabras. Y Murnau ofrece el ejemplo perfecto. Este singular director fue capaz de expresar los sentimientos de las personas involucradas en un triángulo amoroso con una fuerza sobrecogedora, dotando a los personajes de tal expresividad que no tuvo necesidad de introducir casi ningún intertítulo. Si bien ya había demostrado con creces su talento dirigiendo en Alemania títulos como “El Último”(1924), película. o “Nosferatu” (1922), su traslado a EEUU no supuso un obstáculo: su primera película allí fue “Amanecer”, la cual obtuvo instantáneamente éxito mundial y de crítica, que se reflejó en tres Oscars.
La película se centra en la vida de un hombre de campo casado que mantiene una aventura con una mujer de ciudad que lo absorbe y lo lleva a la ruina. Su mujer es consciente y está triste por ello, por lo que cuando su marido le propone un paseo en barca accede encantada, sin saber que en realidad su marido ha sido convencido por la sofisticada urbanita para asesinarla en el lago.
Digno de mención es el momento en el que el marido, acostado en la cama, está pensando en la ejecución del asesinato: se produce un espeluznante e impactante encadenado con el lago. De hecho, toda escena relacionada con el lago es maravillosa, y en particular la tormenta, rodada, como todo lo demás, en estudio… queda totalmente clara la capacidad creativa, el ingenio y la habilidad de Murnau.
Tan sorprendente como la técnica de la que puede hacer alarde es la narración de los hechos: el espectador es capaz de sentir el terror de la esposa cuando es consciente de lo que sucede, y se compadece del marido en su posterior intento de redención. El resultado es una obra tan dramática y trágica como amable e incluso divertida: las pinceladas de humor dotan de una inocente frescura y ligereza al filme.
Es imprescindible incidir en la fuerza expresiva de las imágenes. De hecho, podría decirse que los poquísimos intertítulos que aparecen son innecesarios: cada escena, cada instante, cada mirada resulta totalmente elocuente por sí misma., sin necesidad alguna del apoyo de la letra o el sonido.
Curiosamente, este legado del cine mudo de Murnau resultó estrenarse dos semanas antes que “El Cantor de Jazz”, la primera película sonora. Poco faltó para que esta maravilla quedara relegada y enterrada ante la inminencia del sonido.
Pero no fue así, de modo que a día de hoy se puede disfrutar de una de las mejores películas de Murnau, y en general del cine mudo gracias a su cuidada (y avanzada para su época) técnica, la especial atención a los detalles narrativos y la capacidad para condensar en una sola imagen lo que muchos no podrían expresar en una frase.
Alejandra Sarmiento

