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miércoles 14 de febrero de 2007

¿TELÉFONO ROJO? :Incidencias en el vuelo hacia Moscú


Dicen que segundas partes nunca fueron buenas… En el caso de Teléfono Rojo, Volamos hacia Moscú yo diría que es parte del principio la que cojea, y mucho. Me refiero al aletargado comienzo de este film de Stanley Kubrik, una película de temática bélica, que en clave de humor materializa la trágica hipótesis que se barajaba en tiempos de la Guerra Fría; la amenaza de acabar con la vida en la tierra que constituía el uso de la bomba atómica.

Si bien el film mejora según va avanzando la historia, el comienzo deja mucho que desear, siendo la escena del bombardero -en el minuto 6- especialmente débil. En un momento tan intenso e inesperado como lo es la orden de atacar al enemigo, los tripulantes de la aeronave no están a la altura de las circunstancias, y en consecuencia, la interpretación de los actores se muestra deficiente también. Falta de reacciones, de movimiento,… de sensación de peligro. Nada, no transmiten al público nada en absoluto, y en consecuencia, todo resulta poco creíble.
Una escena que dura casi seis minutos, y en la que uno puede llegar a aburrirse, incluso. Al menos, ese fue mi caso.

Lo que sí me hizo revolverme en mi asiento fue la poca maña con la que Kubrik manejó la cámara, que con toscos zooms hace un notable desuso de los planos. Rozando lo redundante, nos recuerda un estilo propio de Hitchcock, -superándolo en todo caso- en su afán de exhibicionismo visual.

Lamentablemente, no es la única pata de la que cojea Teléfono Rojo, volamos Hacia Moscú. Otra falta la supone el tratamiento de ciertos personajes, ya que Kubrik utiliza una vez mas a la mujer como mero objeto de decoración, partiendo del chiste fácil ( y desgastado) que resulta el tópico de la secretaria que se acuesta con su jefe. Esa secretaria es, además, la única mujer que aparece en la cinta; tal vez sea mejor así, ya que de haber alguna más, a buen seguro no saldría muy bien parada. Y es que la susodicha secretaria se limita a broncearse bajo una luz fluorescente ( bronceando su cuerpo, cubierto “casualmente” por un bikini), coger el teléfono y acostarse con su superior.

Otro comentario que deja claro el menester al que se destina a la mujer es la conversación del Doctor Strangelove y los demás mandatarios en la sala de operaciones del Pentágono. Allí se habla de minas en las que mantenerse durante el tiempo que dure la radioactividad, unos cien años, en los que 100.000 personas asegurarán la continuidad de la especie.
Como cabía esperar, las mujeres serán poco menos que conejas que se encargarán de aumentar la prole. Eso sí, cada hombre dispondrá de 10 mujeres, a la fuerza atractivas y jóvenes, que habrán de satisfacer entre otros, a los altos mandos que han ideado el plan. Un sueño machista en el que los hombres serán dueños y señores. Sólo de pensarlo, se les cae literalmente la baba.

Este (mal)trato que recibe el género femenino no es algo anecdótico en la obra de Kubrik. La mujer como objeto sexual es una idea más que patente en cintas como La Naranja Mecánica, donde es una unidad de esparcimiento para Álex y los suyos, parte de sus sesiones de ultraviolencia, y de sus deseos mas íntimos y voraces.
Incluso después del tratamiento Ludovico, cuando quieren probar la eficacia del experimento, no hacen otra cosa que poner delante del protagonista una espectacular mujer, cubierta por unas bragas mínimas, cuya única función es la de tentar a Álex con su cuerpo y su sexualidad. Incluso la madre de Álex resulta una especie de muñeca desconchada ( no sólo por la edad y la actitud pasiva, sino por la indumentaria de caperucita pasada de vueltas).

La comparación mujer = muñeca es un hecho, más que visible, y no es casual que Kubrik utilice maniquíes en el Korova Milk Bar de La Naranja Mecánica, como mero objetos auxiliares ( mesas) o dispensadores, dicho ya de paso, un tanto obscenos.
Es por ello que en muchas ocasiones el director neoyorkino cruza la frontera de la mirada masculina y acaba recreando un punto de vista despectivamente machista.


Amaia Cayero

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Acabo de ver esta película y he buscado en internet información con la que digerir mejor la película.

Sin duda quería encontrar algo más que alabanzas, pues me ha gustado pero no me ha encantado, máxime por una pequeña sensación de pesadez.

Tu comentario al principio me ha parecido acertado, hasta el punto de convertisrse en un panfleto feminista en el que se destila una clara falta de sentido del humor, de saber captar entre líneas la ironía de cada frase del Dr. Strangelove.

Crítica totalmente penosa y patética.

agoiko dijo...

Guztiz konforme nau pelikule onen kritikia in deuen neskeagaz, ezin dalako esan filme hau beste munduko zerarik dala.

Belikotzat hartute izen dot baina ikusi ta gero guztiz baragarri ta matxistia dala esan behar dot,(mutille izen arren).

Hasikeratik oso filme astune iruditu daste, zuzendarie astuntasun hori ironiazko lerdokeriekaz errebajetan saiatu arren, ez deu lortuten, alderantziz oindik ta gehiau zatartu itzen dau, emakumiak burugabetzat ta objetu simpletzat erabiliten filme osoan zehar. Protagoniste baten ama be edadea eukin arren, papintzat erabilten dau, penagarrie.

Horregatik zorionak eman behar dotsat kritikia in deuen neskeari, beragaz guztiz konforme nauelako, ironia ta umorea erabili al dalako baina erabilteko jakin in behar non ta zelan erabili.