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martes 13 de febrero de 2007

GRUPO SALVAJE: MEZCLA DE GÉNEROS


El último ‘trabajo’ de una banda de atracadores en la Compañía de Ferrocarriles pone al descubierto la cacería que hay en marcha para atraparlos. Un grupo de cazadores de recompensas los asedia en un sangriento tiroteo en mitad del pueblo, que anticipa la dureza de la vida de estos hombres y de la película en conjunto. A la cabeza de los perseguidores hay un viejo conocido de la banda, Deke Thornton (Robert Ryan), pues fue uno de sus integrantes en el pasado, ahora en busca de redención más que del dinero ofrecido por la captura de los ladrones. Tras el asalto, el grupo salvaje, encabezados por Pike Bishop (William Holden) y Dutch Engstrom (Ernest Borgnine) decide huir en dirección a México. Hay, pues, una frontera geográfica, pero también otra moral, en la que viven siempre estos forajidos, entre el robo y la solidaridad, el asesinato y la amistad, entre lo salvaje y lo humano. Es cerca del paso fronterizo donde se dan cuenta de que han puesto sus vidas en peligro sólo por unas arandelas metálicas, víctimas de una trampa. Agrupando a todos los integrantes del grupo de bandidos, se verán empujados a buscar otro golpe, de suerte también, que les permita retirarse definitivamente.

Ya en territorio mejicano, hasta donde los va siguiendo el desastroso grupo de caza recompensas, se ponen al servicio del inhumano general Mapache, un despiadado militar que intenta frenar el levantamiento popular dirigido por Pancho Villa. Pero los largos años de vida fuera de la ley no se abandonan fácilmente, y el último asalto ―un tren cargado con armas y municiones que ansía el ejército mejicano― va a costarles más de lo previsto. Uno de los integrantes de la banda de forajidos, Ángel, ha nacido en un pequeño e indefenso pueblo cercano a la frontera y asediado continuamente por la tiranía de Mapache. El deseo de venganza de Ángel modificará los planes de la banda, después de que el general lo haga preso y lo someta a un cruel castigo. Esto lleva al grupo salvaje a la disyuntiva de arriesgar sus vidas por salvar a su compañero o huir una vez que han cumplido lo acordado en el trato del tren. Y es la amistad, lo que empujará a Pike y los suyos a enfrentarse al ejército mejicano para salvar a su compinche en una misión suicida. Es este enfrentamiento, filmado con áspera y dura belleza, el que cierra la andadura del grupo, tal vez menos salvaje de lo que se nos quiere hacer creer.


Hay en el film de Peckinpah una mixtura de géneros que empieza por el tratamiento del propio western, el más significativo de ellos. Se le ha concedido en numerosas ocasiones al ‘oeste manejado por Peckinpah el calificativo de western crepuscular. Este adjetivo, mezcla de la oscuridad de sus historias de vaqueros y el mismo límite temporal en el que transcurren, implica que mantiene algunos rasgos propios del género genuinamente americano, pero a la vez matices que lo quieren sacar de ahí. Los mismos forajidos son ya veteranos hombres que saben cerca el fin de su andadura, y buscan un último bocado que les permita un poco de paz en su retiro. Un automóvil en poder del general mejicano y alguna referencia de los personajes a aviones y otros artilugios, ponen un pie fuera de ese tiempo, en una era de progreso distinta, donde sigue habiendo forajidos, pero sin sentido del honor.

Podemos advertir asimismo en el transcurso de la cinta momentos cercanos a la comedia, en los pocos instantes en que los duros forajidos se permiten un descanso, entre bromas, alcohol y alguna mujer. Puede incluso extrañar en algún caso, ver al grupo de asesinos riendo a carcajadas, por una burla o un chiste de uno de los compañeros.
La amistad, sin un género propio, ocupa otro de los lugares centrales en la historia de Peckinpah. La lealtad, e incluso devoción, que Dutch profesa a su amigo Pike, y el respeto con el que éste trata a sus colegas están siempre presentes en el film, como un personaje sin texto.

La violencia, espina dorsal que vertebra el film de Peckinpah, es usada por los forajidos del grupo salvaje principalmente porque es su forma de vida. Ellos, en su mayoría veteranos que saben que su tiempo se está acabando, han vivido siempre en ese mundo dominado por hombres, generalmente hombres solitarios y duros, donde sus armas y la destreza para usarlas condicionan su supervivencia. Podría asegurarse que Pike y Ducht (William Holden y Ernest Borgnine, respectivamente) hacen uso de la violencia porque no saben hacer otra cosa.

Dani López